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Universalismo básico: Una alternativa posible y necesaria para mejorar las condiciones de vida en América Latina

Por Fernando Filgueira, Carlos Gerardo Molina, Jorge Papadópulos y Federico Tobar

Introducción

¿Existe hoy un modelo dominante que caracterice las recientes reformas sociales en América Latina?. Aunque el consenso de Washington no adoptó definiciones explícitas sobre la política social, las respuestas sociales han tendido a avanzar hacia un modelo único, de forma similar a lo que sucedió con la política económica. El diagnóstico principal afirmó que había un déficit de eficiencia en los sectores sociales y que los recursos públicos no estaban siendo dirigidos hacia quienes más los necesitaban. La prescripción para hacer un mejor uso de los escasos recursos públicos sociales fue buscar la solución en mecanismos competitivos y en acudir a modalidades de focalización que dirigieran las acciones públicas hacia la población pobre. Se trató de una respuesta pragmática, que tuvo como premisa un repliegue del Estado, recortando así su participación y responsabilidad en la garantía de algunas de las prestaciones básicas.

La manera como se fueron desarrollando las nuevas acciones fue a través de coberturas temporales, compensatorias y no siempre de calidad, que dejaron de lado la importancia de asegurar servicios homogéneos y con estándares de calidad para todos, que permitieran construir sociedades equitativas, democráticas y sostenibles, y fortalecer el ejercicio ciudadano. Al concentrar la acción del Estado en los pobres –que, valga decirlo, no es toda la acción del Estado, pues parte importante de los recursos estatales continuó llegando a los quintiles superiores3- y al hacerlo de una manera asistencial, durante los últimos años se perdió de vista la importancia de los servicios de derecho universal y la responsabilidad que le cabe al Estado para proveerlos. La forma como empezaron a proveerse los servicios, más que avanzar hacia la cohesión social, lo que hizo fue incrementar su fragmentación.

Esta nueva tendencia surgió a partir de los escasos logros alcanzados por los modelos anteriores de política social, que aunque en teoría de corte universalista, nunca lograron obtener lo que se propusieron. Dichos modelos tuvieron el acierto de promover una visión universal en gran medida apoyada por el Estado. Pero pronto, dada la economía política y las limitaciones fiscales e institucionales de nuestros Estados, en la práctica sus expresiones terminaron siendo, o bien corporativas4, tal el caso de los países de mayor desarrollo, o duales5 y excluyentes, en los otros casos. En este sentido buena parte de los beneficios sociales a cargo del Estado no causaron todo el impacto distributivo deseado; peor aún, en algunos países, particularmente en los excluyentes, terminaron cooptados por grupos privilegiados.

Frente a este panorama surge entonces una segunda pregunta: ¿Existe hoy algún modelo alternativo para construir políticas sociales en América Latina que ofrezca mejores resultados? Creemos que sí y que no sólo es necesario, sino también posible. Este documento asume el compromiso de identificar caminos alternativos y da un primer paso en la construcción de las bases normativas, programáticas y políticas de esa nueva orientación de las políticas sociales para América Latina en su conjunto, las cuales aquí llamaremos universalismo básico.

Esta propuesta se apoya en un diagnóstico de los intentos y fracasos que la región ha evidenciado en materia de construcción de sistemas de políticas sociales efectivos, eficientes, equitativos y sostenibles y propone una alternativa con un norte y orientación simples: la cobertura universal de prestaciones y riesgos esenciales, asegurando el acceso a transferencias, servicios y productos que cumplan con estándares de calidad, que sean otorgados sobre la base de los principios de ciudadanía, es decir, distanciándose del principio de selección de beneficiarios de servicios según prueba de recursos y de necesidad que predomina en la región, y buscando que éstos sean concebidos a la vez como derechos y como generadores de deberes.

El universalismo básico, si bien apunta a promover un conjunto de servicios de cobertura universal que cumplan con estándares de calidad para todos, lo propone para un conjunto limitado de prestaciones básicas que incluye las prestaciones esenciales de derecho universal, conjunto que variará con las posibilidades y definiciones propias de cada país. Se trata de una propuesta realista que entiende las limitaciones presupuestarias e institucionales de nuestra región. Es desafiante a la vez, pues al proponer servicios básicos de calidad para todos, jalonará, tal y como ha sucedido históricamente en el contexto mundial, incrementos en los recursos públicos destinados a los sectores sociales. Así, sobre las prestaciones básicas iniciales se irá construyendo una protección social de mayor alcance a medida que se vaya fortaleciendo la atención y el respaldo social por servicios sociales de calidad. Para que esto se dé, se requiere fortalecer el manejo eficiente y transparente de los recursos públicos y el uso de mecanismos que permitan ir resolviendo virtuosamente las tensiones propias entre demandas sociales y restricciones fiscales.

Guarde el lector la siguiente advertencia en mente: para entender el espíritu de este documento debemos hacer un esfuerzo al que la urgencia del presente nos tiene poco acostumbrados. Los tiempos que involucra la implementación de esta estrategia son el mediano y el largo plazo. No quiere esto decir que se desconsideren necesidades, urgencias, acciones, metas y aún obstáculos de corto plazo, pero el premio de este programa es para las generaciones futuras, puesto que no creemos que haya atajos mágicos para construir órdenes sociales más humanos.

Descargar el documento completo en formato .pdf: Universalismo Básico, una alternativa posible y necesaria…

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