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La larga marcha hacia un Sistema Nacional de Cuidados en Uruguay (segunda nota)

Imagen nota Voces 05_12_2013

A lo largo de los últimos seis años, la agenda política ha incorporado la creación de un Sistema Nacional de Cuidados. Las organizaciones de las sociedad civil y el gobierno plantean que este sistema debe tener como beneficiarios a las personas mayores (60 o 65 años y más de edad) a las personas con discapacidad -cualquiera sea su edad- y a los niños, fundamentalmente a los menores de 0 a 3 años.

La idea de una Sistema Nacional es muy ambiciosa, significa (al igual que en el Sistema Nacional Integrado de Salud) un modelo de financiamiento, un modelo de gestión y un modelo asistencial. Las preguntas claves son cómo y quiénes financian las prestaciones y beneficios del sistema, qué instituciones y organizaciones lo ejecutan y quién lo gobierna. Implica también delimitar cuidadosamente cuales serán los servicios que se ofrecerán y quiénes y sobre qué bases se van a conceder los servicios.

¿QUIÉNES REQUIEREN SER CUIDADOS?

Una persona con una discapacidad severa precisa una cantidad grande de cuidados y un conjunto de prestaciones muy amplio. Puede precisar ser cuidada todo el día, puede precisar oxígeno, silla de ruedas, personal que le provea de alimentos, aseo y cuidados médicos. Una persona con una discapacidad más leve puede precisar acondicionamiento de su residencia para poder desplazarse dentro de ella, un baño adecuado a sus limitaciones de movilidad o puede precisar tan sólo alguien que lo asista para hacer trámites, pagar cuentas, atender la medicación y/o alimentación que consume. Puede precisar también por tiempo variable, servicios de rehabilitación. Un niño durante su primera infancia puede precisar cuidados personales por el período que dura la jornada laboral de sus padres, debería asistir a cuidados iniciales para recibir estímulos psicomotrices adecuados o podría requerir cuidados a tiempo parcial. También debe tener una atención sanitaria y nutricional adecuada. En este sentido los cuidados comienzan aún antes del nacimiento con la correcta atención de la madre.

Entonces, ¿de los miles de potenciales beneficiarios y la de gran cantidad y variedad de servicios que se podría brindar de acuerdo a las necesidades de estos beneficiarios, quiénes y qué tipo de servicios serían recibidos y ofertados? Tengamos presente que hay 190.000 niños menores de 3 años, más de 400.000 mayores y aproximadamente 150.000 personas menores de 65 años que experimentan alguna discapacidad.

EL CASO DE LOS ADULTOS MAYORES EN SITUACIÓN DE DEPENDENCIA

En esta segunda nota analizaremos el caso de los cuidados a los adultos mayores en situación de dependencia y en próximas entregas nos ocuparemos de la discapacidad y la primera infancia.

Debe tenerse claro que una política de atención a la dependencia no es lo mismo que una política para atender el envejecimiento. Atender al dependiente implica la intervención socio-sanitaria cuando una persona presenta una condición que la inhabilita para alguna o muchas actividades de la vida cotidiana (AVC) mientras que atender el envejecimiento es promover una vida saludable con distinto tipo de políticas (económicas, sociales y sanitarias) que comienza con el nacimiento mismo (a aún antes, durante la gestación) de las personas.

La definición de los beneficiarios, tal cual se hace en el enunciado de la propuesta global es el horizonte, el norte de la política pero debemos tener muy claro que el país no cuenta, inicialmente, con todos los recursos financieros y ni siquiera tiene todos los servicios que se podrían ofrecer para toda la población. Si se comprara la disponibilidad de servicios con los que cuenta cualquier país que tenga un gran desarrollo de políticas de cuidados, veremos que no contamos con los recursos humanos ni con la experiencia necesaria para ofrecer servicios de calidad.

Sin duda, y esto hay que enfatizarlo, una política de cuidados es inversión en capital humano, infraestructura, recursos, tecnología adecuada. Y esta inversión tiene retorno en generación de riqueza como lo muestra le experiencia mundial. Pero, de todos modos, hay una inversión inicial que hay que modular de acuerdo a la capacidad financiera del país. Para comenzar de a poco ganando experiencia, y para que lo que se haga se haga bien, hay que privilegiar el acceso, en primer lugar, de los más vulnerables que son aquellos que más debemos cuidar.

¿Y quiénes son los más necesitados de cuidados? Existen criterios consensuados por los organismos especializados de las Naciones Unidas, como la Organización Mundial de la Salud que en el caso de los adultos mayores dicen que los ancianos más vulnerables son:

  • Los muy ancianos (80 años y más)
  • Los que viven solos en una vivienda
  • Las mujeres ancianas, sobre todo solteras y viudas
  • Los que viven en instituciones
  • Los que están socialmente aislados (individuos y parejas)
  • Los ancianos sin hijos
  • Los que tienen limitaciones severas o discapacidades
  • Las parejas de ancianos en las que uno de los cónyuges es discapacitado o está muy enfermo
  • Los que cuentan con muy escasos recursos económicos

PRIMERO LOS MÁS VULNERABLES Y NECESITADOS

Atendiendo a los criterios de vulnerabilidad y a la limitación de recursos y capacidades existentes en el país, los cuidados para los mayores deben comenzar por los que viven solos y que además, teniendo alguna condición física o psíquica que los haga dependientes, no tienen nadie que los cuide. Esta es la mayor situación de vulnerabilidad a la que puede estar expuesta una persona mayor. Una vez cubierta la necesidad de cuidados de estas personas, se debe pasar a otra etapa de desarrollo de la política en la cual se ofrezcan cuidados a mayores menos vulnerables, como por ejemplo aquellos que viven en instituciones. Y así se debe continuar, desde los más a los menos vulnerables, aprendiendo en la marcha, mejorando los servicios que ya existen y creando nuevos servicios, tomando decisiones sobre bases científicas.

Hay algo menos de 3.000 adultos con algún nivel de limitación que requiriendo ayuda para las actividades de la vida diaria simplemente no la están recibiendo. Esta es, francamente, una situación dramática que hay que atender en forma urgente.

En segundo lugar, hay unos 3.800 adultos mayores que tienen algún tipo de de dependencia física o psíquica, que viven con su pareja (también adulto mayor) que no tienen hijos que se puedan ocupar de ellos.
Por tanto, se debe atender en forma urgente a esas 3000 personas dependientes que viven solas y que no tienen quien los cuide y a los 3.800 dependientes que viven con sus parejas pero no tienen hijos que los puedan cuidar adecuadamente.

DEBEMOS SABER EXACTAMENTE QUIÉNES SON ESTAS PERSONAS Y QUÉ NECESITAN PARA PODER VIVIR SU VEJEZ CON DIGNIDAD

Toda esta información no es proveniente de censos, sino de encuestas. Esto nos da una idea aproximada de cuantos son los adultos mayores que precisan ayuda en forma urgente pero no nos dice quienes son ni donde están. Para poder identificar estas personas y además establecer qué tipo de servicios de cuidados requieren, hay que realizar otros estudios específicos con los cuales el país aún no cuenta.

Tampoco, la información con que contamos nos dice que tipo de ayuda precisan: ¿terapia de rehabilitación, alimentación, transporte, otros cuidados? No lo sabemos y, para saberlo, nuevamente, hay que desarrollar un trabajo de identificación de estas personas y sus necesidades concretas e individualizadas.

Una vez que se hayan afinado los instrumentos de información que permitan identificar a la población y los servicios requeridos, y luego que se comience a ofrecer la cobertura socio-sanitaria adecuada, se habrá ganado en experiencia y en legitimidad. A partir de ese momento se podrá avanzar hacia la cobertura de otros grupos menos vulnerables hasta que se pueda ofrecer cobertura universal. Por supuesto, no hay política pública sin presupuesto como tampoco la hay sin instituciones que la ejecuten. Por esto motivos, en próximas notas habremos de analizar cómo se debería financiar, gestionar e implementar la política de cuidados.

Publicada en el Semanario Voces, 5 de diciembre de 2013.

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