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Fractura social y cultura del delito

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Hace 25 años que la solidez del tejido social uruguayo, se ha visto perturbado por señales de fractura que se manifiestan principalmente a través de cambios en los indicadores de delincuencia y criminalidad, señalan los sociólogos Fernando Filgueira y Fernando Errandonea, en un ensayo que explora la actual realidad de nuestra “sociedad urbana”.

Por Luis Casal Beck | La República Digital

“(…) el aumento de las tasas de empleo y el importante incremento del salario real de la población residente en los centros urbanos, y en particular, en el área metropolitana de Montevideo, son datos fácilmente contrastables en el período que va de 2004 a 2013”, subrayan Filgueira y Errandonea “(pese a ello) su impacto sobre los problemas de segregación y fractura ciudadana, de ser simétricos los efectos de las variables independientes, deberían haber mejorado estas realidades. Sin embargo, lo que parece claro es que una vez instalada la fractura ciudadana, no es elástica en forma simétrica a las variables estructurales que la causaron. En otras palabras, el empleo y el salario poseen un efecto claro sobe la cohesión social, cuando estas variables se deterioran, pero no tienen un efecto simétrico positivo, cuando estas variables mejoran”.

“Una vez instalada la fractura ciudadana, su reversión exige un esfuerzo que va mas allá de la recuperación del empleo y del salario, o al menos requiere una movilización mucho más sinérgica de algunos de los factores causales”, coinciden en manifestar estos dos importantes sociólogos uruguayos, en una obra que estudia “el ciclo público de la ciudad y su impacto ciudadano” (1900-1970), la “crisis, ciclo privado y destrucción ciudadana en Montevideo, (1970-2004”; las “señales de la fractura”, y las “mejoras estructurales y persistencia de las fracturas, (2004-2013)”.

Filgueira tiene un Ph D, obtenido en la Universidad de Northwestern (Illinois, EE.UU), y ha coordinado el programa de investigación sobre “Exclusión social, pobreza e integración social”, en la Universidad Católica de Montevideo. Por su parte, Errandonea, es sociólogo (Universidad de la República, UdelaR, donde ha sido docente e investigador), profesor de historia (Instituto de Profesores Artigas,IPA), y candidato a doctor en Ciencia Política por la Universidad San Martín, de Buenos Aires (Argentina).

Revertir los procesos de marginación, pobreza y desarrollo de conductas anómicas resulta algo complejo, porque se han configurado “círculos viciosos”, con “puntos de partida claros”, como la “destrucción del empleo, aumento de la pobreza; infantilización de la pobreza, segregación y expulsión del sistema educativo de los sectores de menos recursos; aumento sostenido de las tasas de privación de libertad de los jóvenes de estos sectores; creciente segregación de las clases sociales en el territorio y fortalecimiento de mercados ilegales de alta rentabilidad, con el potencial destructivo del tejido social que esto trae aparejado, dado por la aparición;y expansión del narcotráfico y el acceso a armas de la población menos favorecida”, subrayan.

El crecimiento económico y las mejores condiciones de vida alcanzados en los últimos años en el país, “se dan de bruces contra la consolidación de códigos, comportamientos y miedos de toda la población, ordenados desde la segregación y el creciente distanciamiento en la cotidianeidad de estas mismas clases sociales”, aseguran. La confianza perdida de la población en sus mecanismos de movilidad social y protección, no se recupera en forma automática, por el movimiento positivo de las bases estructurales de la integración social, ancladas en el trabajo y en el empleo”.

“Para que ello suceda, -añaden-, deben operar también en forma positiva, otro conjunto de factores que dan credibilidad a la promesa de reversión de la ciudad fracturada”. Enumeran luego, algunos de esos aspectos:

– “políticas urbanas que ataquen la dinámica ya instalada de segregación residencial” (ver la recuperación del barrio Goes de Montevideo);

– “confianza en la autoridad municipal”;

– “confianza y respeto a la autoridad policial”;

– “ataque masivo a las fuentes de negocios ilegales de alta rentabilidad”;

– “apuesta a instrumentos alternativos a la privación de libertad (las carceles operan hoy como verdadera escuela del crimen) y al endurecimiento de pautas criminales”;

– “percepción por parte de los jóvenes de los sectores populares de una disminución del estigma que cargan por atributos vinculados a la edad y el barrio”;.

-“ recuperación de los espacios públicos policlasistas”;

Filgueira y Errandonea, consideran que “todas estas son condiciones sine qua non para empezar a atacar la fractura ciudadana que posee en la morfología y dinámica de la propia ciudad y sus grandes subsistemas, su causa actual fundamental”.

“Sociedad urbana”, integra la serie “Nuestro tiempo. Libro de los bicentenarios” (número 23), que está llegando a su final. En esta obra, es reconstruida la evolución de los centros poblados del país, las distintas etapas vividas, y el complejo itinerario seguido, a raíz de las sucesivas crisis económicas y sus correlatos en la vida social, el desarrollo de la cultura y las distintas subculturas emergentes.

Esta serie de 24 publicaciones, “rinde homenaje a los creadores, realizadores, autores y colaboradores de la serie de fascículos Nuestra Tierra (1968-1970)”, señala la obra. El tema de “la sociedad urbana”, fue abordado por Nuestra Tierra (Nº 14), en julio de 1969. El estudio, muy amplio y en extremo didáctico, fue escrito por el abogado Horacio Martorelli, uno de los grandes investigadores y docentes que tuvo la sociología uruguaya. Martorelli, dió clases memorables en las Facultades de Derecho y de Arquitectura, en la entonces Escuela Universitaria de Servicio Social. (Udelar); y en el Instituto de Profesores Artigas. En el capitulo final de “Nuestra Tierra”, en aquel agitado e incierto 1969,, al señalar algunas conjeturas sobre “lo que vendrá”, Martorelli decía: “ La homogeneización impuesta por los medios de comunicación de masas en ciertos aspectos de las relaciones humanas, el poder creciente de los grupos organizados de intereses (sindicatos obreros y de empleados, gremiales patronales y empresariales, ligas de productores y de intermediadotes) y la consiguiente desaparición o el debilitamiento de las tradicionales estructuras de autoridad (familia, Iglesias, partidos políticos, parlamento, etc), vigentes en nuestra sociedad urbana, exigirán en los próximos años la edificación de una nueva estructura de poder, que recoja los nuevos elementos generados por la propia sociedad”.

PROCESOS DE SEGREGACIÓN Y SEGMENTACIÓN RESIDENCIAL

”El rápido crecimiento de asentamientos de poblaciones pobres ha sido atribuido fundamentalmente a la crisis económica de los años setenta y ochenta, así como a las diferentes estratégias que desplegaron los hogares mas vulnerables bajo la constante presión de la escasez de recursos para satisfacer sus necesidades de vivienda. Los noventa, presentan una pauta similar anclada en el modelo de crecimiento con bajo empleo, el impacto ya anotado sobre los sectores de menor calificación, y el efecto devastador de la recesión del final de la década, y crisis posterior, al inicio del siglo.

Pero es ya a partir de los cambios en las localizaciones de los sectores altos y de las clases trabajadoras en los años ochenta, y del consecuente aumento en la separación física entre ambas poblaciones, que comienza a tomar cuerpo en Montevideo, un rasgo ya característico de las ciudades latinoamericanas.

La ciudad, se estructuraba a grandes rasgos, en cuatro tipos ideales de barrios definidos a partir de su comportamiento social:

-un primer grupo, conformado primariamente por migrantes internos recientes, que arribaban a la ciudad en busca de oportunidades laborales, motivados por el abanico de ofertas que brindaban el mercado y el Estado.

-un segundo grupo de vecindarios, en cuya composición social predominaban obreros que compartían los lugares de resdiencia, en torno a sus lugares de trabajo.

-El tercer grupo de barrios heterogéneos y populares, donde confluían asalariados formales e informales, pequeños empresarios y comerciantes; aunque de estratos bajos y medios bajos; la heterogeneidad era su principal característica.

-Por último, un grupo que tendía a asumir rasgos propios de los guetos urbanos, que se caracterizaban por una alta concentración de precariedades educacionales, sociales y laborales, y que representaban el conjunto de zonas integradas por poblaciones que, habiendo quedado fuera del circuito laboral del mercado formal y estatal, conocía de primera mano los efectos de las nuevas modalidades del capitalismo”

(“Sociedad Urbana”, Filgueira, Errandonea, pags 28 y 29)

25 AÑOS DE DETERIORO DE TODO EL TEJIDO SOCIAL

“En los últimos 25 años la solidez del tejido social se ha visto perturbado por señales de fracturas que se manifiestan principalmente a través de cambios en los indicadores de delincuencia y criminalidad. En un país considerado “seguro”, tanto en términos absolutos como en la comparación con el resto de la región, tales cambios surgieron sin que paralelamente se produjeran alteraciones significativas en los índices de pobreza, aunque si se registraron fenómenos de segmentación en la educación, de segregación residencial urbana, y a partir de mediados de los noventa, de segmentación en el mercado laboral entre trabajadores calificados y no calificados. Además, la delincuencia ha seguido creciendo a partir de mediados de la década pasada, en que los indicadores económicos y sociales mejoraron sensiblemente. Estos fenómenos (apuntalan) la hipótesis de que el aumento de la tasa de delincuencia esta vinculada a situaciones de exclusión social (combinándose para su explicación), tres factores:

El primero, es el debilitamiento de los lazos con el mercado laboral”, (otro está) asociado a la urbanización y a las innovaciones tecnológicas (y) es el crecimiento continuo de la penetración de los medios de comunicación en los estratos mas bajos de la sociedad urbana, a través de los cuales, de manera masiva, se difunden y legitiman metas de consumo. Un tercer factor, producto de la conjunción de las transformaciones productivas y el avance de la urbanización, es la progresiva segmentación en los servicios (educación, salud, seguridad social, transporte, seguridad ciudadana, lugares de esparcimiento, etc.), que se agrega a la segmentación del mercado de trabajo.
(“Sociedad Urbana”, Filgueira, Errandonea, pag 40).

EXITOSA EXPERIENCIA EN EL BARRIO “GOES”

“(una constelación de políticas públicas desarrolladas para revertir la ciudad fracturada de Montevideo, iniciada en 2005, ha sido) la recuperación del barrio Goes, otrora polo dinamizador de la economía, el empleo, la industria, el consumo y la sociabilidad montevideana. El programa “Renová Goes” se articuló a partir de un abanico de iniciativas: la reinauguración del Mercado Agrícola de Montevideo (junio 2013), la refacción proyectada de la fachada de las viviendas del barrio Reus al norte; la apertura en 2012 del Centro Cultural Terminal Goes (con espacios para muestras, bibliotecas y salas de espectáculos); la construcción de complejos habitacionales, y la reconversión de plazas en centros de recreación, esparcimiento y encuentro entre distintos sectores y edades. Cien años después de su despegue, y tras varias décadas de deterioro (que incluye el cierre de la fábrica “Alpargatas” –una de las primeras empresas de cobertura latinoamericana-, la instalación de mafias territoriales –“Los Tumanes”-; la proliferación de bocas de pasta base después de la crisis del 2002 y la conversión de sectores del vecindario en una virtual “zona roja”), el barrio Goes parece volver sobre sus pasos e intenta abrirse a un círculo virtuoso que engloba apuestas habitacionales, comerciales, arquitectónicas, culturales y fundamentalmente ciudadanas. La comprensión cabal del esfuerzo se enmarca en una convicción simple: construir ciudad es, en definitiva, construir ciudadanía”.

(Sociedad Urbana, Figueira, Errandonea, págs 56 y 57).

Fuente: La República Digital

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